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Terra
La Coctelera

La inmortalidad de Janis

Ahí estas janis metida en nuestro corazón....

Quiero darle las gracias a mi gran amiga rocío cabrera por el comentario escrito en mi página y por compartir conmigo su amistad y tantos bellos momentos vividos y pensados.

Sentí la necesidad de escribir algo a Janis para rememorar y quedarnos con su energía, aun cuando han pasado tantos años después de su desaparición. Cuando subía al escenario, entregaba un pedacito de su corazón y nos embriagaba de melancolía con cada una de sus canciones, y como dice Jaime Sabines en uno de sus poemas; tenia el don de untarnos la tristeza en el alma como si se tratase de un ungüento.

El blues es un genero que se caracteriza por su tristeza, y esto se da por sus inicios, esta música es origen de los negros atropellados por la sociedad norteamericana de los años 40 y 50, y Janis debido a su vida llena de turbulencias toma este genero como vía de escape a sus frustraciones. Janis tenia el alma mas sensible que pueda tener ser humano alguno y esto le permitió escribir y cantar de la forma en que lo hacia...

Cuanto tiempo ha trascurrido desde entonces y no hemos podido relegarla al olvido, Janis fue una mujer hermosa que se desarrollo en la peor sociedad del mundo (la americana),en la cual nunca obtuvo lo que quiso..... Tal ves solo quería un poco de amor.

NO ME GUSTA EL PAPA

Nadie ha sido más 'martillo de herejes' que este cardenal que lanzó a las tinieblas exteriores a nada menos que 140 teólogos desobedientes.

Por: Antonio Caballero

No me gusta este nuevo Papa Benedicto XVI. Y antes de que me reprochen que meta la cucharada me apresuro a decir: todos tenemos derecho a opinar sobre un Papa: sobre el dirigente espiritual de más de mil millones de católicos en el mundo, y el jefe ideológico de más de cien mil curas y monjas, y el autócrata de un pequeño pero muy rico Estado independiente. A todos nos afecta su acción y su existencia. No es como bautizado católico que me atrevo a opinar -pues es precisamente ahí donde no me dejarían hacerlo- sino como habitante libre del planeta. No me gusta este Papa, como no me gustaba su predecesor: ni en lo espiritual, ni en lo ideológico, ni en lo político.

Que quieren que les diga: no me gusta ni siquiera el nombre apostólico que ha escogido. Benedicto. Bendecido, bendito. Me parece pretencioso desde el punto de vista estrictamente etimológico. Pero si para cotejar datos históricos le echo una ojeada a la enciclopedia, me encuentro con que los Papas llamados Benedicto han sido, por lo general, Papas de mal agüero, de mal fario. El más famoso fue el terco Papa Luna de los tiempos del Gran Cisma de Occidente, Benedicto XIII, que murió encastillado como un cangrejo ermitaño en su fortaleza medieval de Peniscola, sobre las olas del Mediterráneo, siendo no solo un anti-Papa sino además un contra-Papa enfrentado a nada menos que tres otros Papas más. El más reciente fue Benedicto XV, el de la Primera Guerra Mundial, que se limitó a esperar a que pasara el aguacero. El primer Benedicto, allá por el siglo VI, aguantó los tiempos calamitosos de las invasiones lombardas. Otros tres o cuatro del mismo nombre fueron estrangulados, ahorcados, o murieron de hambre en un calabozo tras su deposición por un Concilio o por un Emperador. Hubo uno simoniaco, Benedicto IX, que vendió un par de veces su cargo de Vicario de Cristo y lo compro otras tantas, y acabó refugiándose en tierra de infieles. Hubo otro Papa Benedicto que llegó a santo -el II- y otro va en beato -el XI-. Y en cuanto al más de mi gusto, Benedicto XIV, fue un déspota ilustrado dieciochesco a quien sus cardenales consideraban demasiado moderado, demasiado blando, demasiado laico.

No hay riesgo de que eso le suceda al Benedicto XVI de ahora. Nadie ha sido más severo 'martillo de herejes' que este cardenal Joseph Ratzinger que durante un cuarto de siglo encabezó el Santo Oficio (cuyo cambio de nombre es simple demostración de hipocresía, y no de ablandamiento), y lanzó a las tinieblas exteriores a nada menos que 140 teólogos desobedientes. En su último sermón antes del encierro del Conclave sixtino quiso dejar muy en claro que solo hay una doctrina verdadera, la suya, la ortodoxa de la Iglesia Católica Romana, que debe defenderse contra la "dictadura del relativismo". Por eso entró cardenal y salió Papa. Y aunque ahora diga que "el diálogo es necesario", no se lo creo (al menos yo): es una voltereta demasiado circense la de un lobo sanguinario que se convierte en pastor. (Tampoco me gusta ese diálogo con los demás pastores que propone. Recuerdo un rancio refrán castellano: "Reunión de pastores, oveja muerta". Y bien asada, claro esta).

Digo que no me gusta el nuevo Papa Benedicto XVI, antes Joseph Ratzinger, pero no porque me parezca mal que se ocupe de los intereses de su Iglesia, ni porque me parezca mal que esté convencido de que su Iglesia tiene la razona. Eso me parece normal: para eso es Papa. No me gusta porque, repito, un Papa de Roma no solo ejerce su influencia sobre los católicos romanos, sino sobre la humanidad entera, de la misma manera que un presidente de los Estados Unidos, o de la China, o de Rusia. Es una influencia mucho mayor que la que puede alcanzar un filosofo suelto o un general victorioso. Y, en mi opinión, la influencia de un personaje tan reaccionario y a la vez tan hipócrita, tan buril en el peor sentido del termino (untuoso y fingidamente humilde), tan burocrático, tan ideológicamente cerrado, solo puede ser nefasta en un mundo que, en mi opinión, no necesita más rigideces, sino algo de flexibilidad.

Karl Popper

EL CONOCIMIENTO DE LA IGNORANCIA **

Debemos vigilar constantemente nuestra integridad intelectual

Me doy cuenta, una vez más de lo poco que sé, y ello me hace recordar la vieja historia que Sócrates contó por primera vez en su juicio. Uno de sus jóvenes amigos, un miembro militante del pueblo de nombre Querefon, había preguntado al dios Apolo en Delfos si existía alguien más sabio que Sócrates, y Apolo le había contestado que Sócrates era el más sabio de todos. Sócrates halló esta respuesta inesperada y misteriosa. Pero, después de varios experimentos y conversaciones con todo tipo de personas, creyó haber descubierto aquello que el dios había querido decir; por contraste de todos los demás, él, Sócrates, se había dado cuenta de lo lejos que estaba de ser sabio, de que no sabía nada. Pero lo que el dios nos había querido decir a todos nosotros era que la sabiduría consistía en el conocimiento de nuestras limitaciones y, lo más importante de todo, es el conocimiento de nuestra propia ignorancia. Creo que Sócrates nos enseñó algo que es tan importante hoy en día como lo fue hace 2.400 años. Y creo que los intelectuales, incluso científicos, políticos y, especialmente aquellos que trabajan en los medios de comunicación, tienen hoy la imperiosa necesidad de aprender esta vieja lección que Sócrates trató en vano de enseñarnos.

¿Pero, es eso cierto? ¿No sabemos hoy, acaso muchísimo más de lo que sabía Sócrates en su época? Sócrates tenía razón, debe admitirse, al ser consciente de su ignorancia: en efecto, él era ignorante –sobre todo si comparamos con lo que sabemos hoy en día-. Efectivamente, el reconocer su ignorancia fue un gesto de gran sabiduría por su parte (...) pero hoy se dice que nuestros investigadores y científicos contemporáneos no son simples buscadores, sino también descubridores. Porque saben mucho; tanto que el gran volumen de nuestro conocimiento científico se ha convertido en un grave problema; los nuevos descubrimientos se publican a tal velocidad que es imposible que nadie pueda estar al día. ¿Podría ser que incluso ahora debamos seguir construyendo nuestra filosofía del conocimiento sobre la tesis de Sócrates de nuestra falta de conocimiento?

La objeción es correcta, pero únicamente después de haberla modificado radicalmente mediante cuatro comentarios muy importantes: Primero, la idea de que la ciencia sabe mucho es correcta, pero la palabra conocimiento se usa aquí, al parecer inconscientemente, en un sentido que es completamente distinto del significado que se le da a la palabra conocimiento cuando se usa, con énfasis, en el lenguaje diario. (...)

Sin embargo, el conocimiento científico simplemente no es un conocimiento cierto. Está siempre abierto a revisión. Consiste en conjeturas comprobables –el mejor de los casos-, conjeturas que han sido objeto de las más duras pruebas, conjeturas inciertas. Es conocimiento hipotético, conocimiento conjetural. Este es mi primer comentario, y por sí mismo es una amplia defensa de la aplicación a la ciencia moderna de las ideas de Sócrates: el científico debe tener en cuenta, como Sócrates, que él o ella no sabe, simplemente supone. Mi segundo comentario sobre la observación de que nosotros sabemos tanto hoy en día es éste: con casi cada nuevo logro científico, con cada solución hipotética de un problema científico, el número de problemas no resueltos aumenta; y asimismo aumenta el grado de su dificultad; de hecho, ¡ambos aumentan a una velocidad superior a la que lo hacen las soluciones! Y sería correcto decir que mientras nuestra ignorancia, nuestra creciente ignorancia es infinita (...) Mi tercer comentario es éste: cuando decimos que hoy sabemos más de lo que sabía Sócrates en su época, que nuestro conocimiento conjetural es mayor, esto es probablemente incorrecto en tanto que nosotros interpretamos el saber en un sentido subjetivo. Probablemente, ninguno de nosotros sabe más, en cuanto a almacenar mayor información en nuestra memoria; más bien, somos conscientes de que hoy en día se sabe muchísimo más y acerca de muchísimas más cosas diferentes que en los tiempos de Sócrates (...)

Tenemos aquí una cuarta razón para decir que Sócrates estaba en lo cierto, incluso hoy. Porque este anticuado conocimiento personal consiste en teorías que se ha demostrado son falsas (...)Por ello, tenemos cuatro razones que nos demuestran que incluso hoy, la idea de Sócrates “Sólo sé que no sé nada”, es una idea de palpitante actualidad, pienso que aún más que en tiempos de Sócrates. Y tenemos razones, en defensa de la tolerancia, para deducir de la idea de Sócrates aquellas consecuencias éticas que fueron deducidas, en sus tiempos, por el propio Sócrates, por Erasmo, por Montaigne, Voltaire, Kant y Lessing. Y debemos incluso deducir algunas otras consecuencias. Los principios que son el fundamento de cada diálogo racional, es decir, cada discusión encaminada a la búsqueda de la verdad son, de hecho, principios éticos.

Me gustaría expresar tres de esos principios éticos.

1. El principio de fabilidad. Quizá yo esté equivocado y quizá usted tenga razón, pero, desde luego, ambos podemos estar equivocados.

2. El principio de diálogo racional: Queremos críticamente, pero por supuesto, sin ningún tipo de crítica personal poner a prueba nuestras razones a favor y en contra de nuestras variadas (criticables) teorías. Esta actitud crítica personal pone a prueba nuestras razones a favor y en contra de nuestras variadas (criticables) teorías. Esta actitud crítica a la que estamos obligados a adherirnos es parte de nuestra responsabilidad intelectual.

3. El principio de acercamiento a la verdad con la ayuda del debate. Podemos casi siempre acercarnos a la verdad, con la ayuda de tales discusiones críticas impersonales (y objetivas), y de este modo podemos casi siempre mejorar nuestro entendimiento; incluso en aquellos casos en los que no llegamos a un acuerdo.

Es extraordinario que esos tres principios sean epistemológicos y, al mismo tiempo sean también principios éticos. Porque implican, entre otras cosas tolerancia: Si yo puedo aprender de usted, y si yo quiero aprender en el interés por la búsqueda de la verdad, no sólo debo tolerarle como persona, sino que debo reconocerte potencialmente como a un igual(...)

El principio ético que nos guíe deberá ser nuestro compromiso con la búsqueda de la verdad y la noción de una vía para llegar a la verdad y un acercamiento a ella. Sobre todo, deberíamos entender que nunca podremos estar seguros de haber llegado a la verdad; que tenemos que seguir haciendo críticas, autocríticas, de lo que creemos haber encontrado y, por consiguiente, tenemos que seguir poniéndolo a prueba con espíritu crítico; que tenemos que esforzarnos mucho en la crítica y que nunca deberíamos llegar a ser complacientes y dogmáticos. Y también debemos vigilar constantemente nuestra integridad intelectual, que junto con el conocimiento de nuestra falibilidad nos llevará a una actitud de autocrítica y de tolerancia.

Por otra parte, también es de gran importancia darnos cuenta que siempre podemos aprender cosas nuevas, que incluso en el campo de la ética. Me gustaría demostrar lo anterior por vía de una examen de la ética de los profesionales, la ética de los intelectuales, la ética de científicos, médicos, abogados, ingenieros, arquitectos, directores, y, muy importantes, de los periodistas y de la gente influyente del mundo de la televisión; también de los funcionarios, y, sobre todo, de los políticos.

Karl Popper *

1. DOCE PRINCIPIOS QUE DEBEN REGIR NUESTRA INTEGRIDAD INTELECTUAL. **

(...) Me gustaría proponerles algunos principios de una nueva ética profesional, principios que están estrechamente relacionados con las ideas éticas de tolerancia y de honestidad intelectual.

Con este fin voy a describir primero la antigua ética profesional y, quizá, caricaturizarla un poco, para luego compararla y contrastarla con la nueva ética profesional que deseo proponer aquí.

Hay que reconocer que la antigua ética profesional se basó, como también se basa la nueva, en los conceptos de verdad, de racionalidad y de responsabilidad intelectual. Con la diferencia de que la antigua ética se basó en el concepto de conocimiento personal y en la idea de que es posible llegar al conocimiento cierto, o al menos acercarse lo más posible. Por esta razón, el concepto de autoridad personal desempeñó un papel importante en la antigua ética profesional. En contraste, la nueva ética se basa en el concepto de conocimiento objetivo, y de conocimiento incierto. Esto exige un cambio radical en nuestra manera de pensar. Lo que tiene que cambiar es el papel desempeñado por los conceptos de verdad, racionalidad, honestidad intelectual y responsabilidad intelectual. (...)

Mi sugerencia es que la nueva ética profesional que propongo aquí se base en los doce principios siguientes, con los cuales termino mi discurso.

Nuestro conocimiento objetivo conjetural continúa superando con diferencia lo que el individuo puede abarcar. Por consiguiente: no hay autoridades. Esta importante conclusión también se puede aplicar a materias especializadas y a campos específicos de investigación.

Es imposible evitar todos los errores, e incluso todos aquellos que, en sí mismos, son evitables. Todos los científicos cometen equivocaciones continuamente. Hay que revisar la antigua idea de que se pueden evitar los errores y que, por tanto, existe la obligación de evitarlos: la idea en sí encierra un error.

Por supuesto, sigue siendo nuestro deber hacer todo lo posible para evitar errores. Pero precisamente para evitarlos debemos ser conscientes, sobre todo, de la dificultad que esto encierra y del hecho de que nadie logra evitarlos (...)

Los errores pueden existir ocultos al conocimiento de todos incluso en nuestras teorías mejor comprobadas; así, la tarea específica del científico es buscar tales errores. Descubrir que una teoría bien contrastada, o que una técnica usual práctica son erróneas, podría ser un descubrimiento de máxima importancia.

Por lo tanto, tenemos que cambiar nuestra actitud hacia nuestros errores. Es aquí donde hay que empezar nuestra reforma práctica de la ética. Porque la actitud de la antigua ética profesional nos obliga a tapar nuestros errores, a mantenerlos secretos y a olvidarnos de ellos tan pronto como sea posible.

El nuevo principio básico es que para evitar equivocarnos, debemos aprender de nuestros propios errores. Intentar ocultar la existencia de errores es el pecado más grande que existe.

Tenemos que estar continuamente al acecho para detectar errores, especialmente los propios, con la esperanza de ser los primeros en hacerlo. Una vez detectados, debemos estar seguros de recordarlos, examinarlos desde todos los puntos de vista para descubrir por qué se cometió el error.

Es parte de nuestra tarea el tener y ejercer una actitud autocrítica, franca y honesta hacia a nosotros mismos.

Puesto que debemos aprender de nuestros errores, así mismo debemos aprender a aceptarlos, incluso con gratitud, cuando nos lo señalan los demás. Y cuando llamamos la atención a otros sobre sus errores deberíamos siempre tener en cuenta que los científicos más grandes los han cometido (...).

Tenemos que tener claro en nuestra propia mente que necesitamos a los demás para descubrir y corregir nuestros errores (de la misma manera en que los demás nos necesitan a nosotros) y, sobre todo, necesitamos a gente que se haya educado con diferentes ideas en un mundo cultural distinto. Así se consigue la tolerancia.

Debemos aprender que la autocrítica es la mejor crítica, pero que la crítica de los demás es una necesidad. Tiene casi la misma importancia que la autocrítica.

La crítica racional y no personal ( u objetiva), debería ser siempre específica: Hay que alegar razones específicas cuando una afirmación específica o una hipótesis específica o un argumento específico nos parece falso o no vàlido. Hay que guiarse por la idea de acercamiento a la verdad objetiva. En este sentido, la crítica tiene que ser impersonal, pero debería ser a la vez benévola(...).




* .- Karl Popper (1902-1994) filósofo británico de origen austriaco, fue uno de los más grandes filósofos de este siglo.

** .- Texto resumido del discurso de investidura como doctor “Honoris Causa”, de la Universidad Complutense de Madrid, que pronunció el 28 de octubre de 1991con el título: “El conocimiento de la ignorancia. Debemos vigilar constantemente nuestra integridad personal”.


Janis

Nació el 19 de enero de 1943 en Port Arthur, localidad industrial de Texas. Los padres de Janis habían querido que fuera maestra. Su padre, Seth, trabajaba en una refinería. Su madre, Doroty, había destacado cantando en su instituto.
Janis, en el primer año de instituto, se tiñó el pelo de naranja y se unió a una pandilla de jóvenes radicales. Rechazaba el racismo y se le acusaba de "amiga de los negros". A los 16 años comenzó a manifestar su amor por la música. Frecuentaba los bares de Louisiana, donde escuchaba música negra. Comenzó a cantar a los 17 años.
Grabó su primer disco cuando estudiaba Bellas Artes en la Universidad de Texas; luego comenzó a cantar de forma habitual en bares. En 1963, la ciudad de San Francisco conoció el talento de Janis Joplin. Fue en este periodo cuando comenzó el contacto con la droga. Se sumió en un estado de abandono, llegando a pesar 35 kilos. Anunció entonces a su familia que volvería a sus estudios universitarios, y que se casaría con un hombre que había conocido en San Francisco, conocido como J. P., pero el enlace no tuvo lugar. J. P. la abandonó y esto marcaría aún más su inseguridad afectiva y su sentimiento de soledad.
Luego de este suceso, volvió a la música. Regresó a San Francisco empujada por el éxito. Se unió a la banda "Big Brother and the Holding Company", logrando una combinación perfecta y con la que grabaría el emblemático álbum Cheap Thrills. Joplin amaba la libertad creativa de la escena musical en San Francisco. Obtuvo buenas críticas, cada vez más centradas en ella y menos en el grupo. Esto reforzaba su autoestima y su carrera. Pronto pasó a ser conocida en el resto de Estados Unidos.
Actuó con su banda en el Festival de Monterey de 1967, junto con grandes estrellas, como Jimi Hendrix, Jefferson Airplane, Canned Heat, The Who, The Mamas and the Papas, The Byrds, Otis Redding. Ya entonces aspiraba "a ser algo más que la reina de los hippies". Actuó dos veces en el festival, porque la primera vez no había sido filmada. Para la segunda actuación, cambió su ropa hippie por un traje dorado...
A partir de entonces fueron contratados por el productor de Bob Dylan, Albert Grossmael. Joplin eclipsaba a los Big Brother. Durante la gira por todo el país, comenzó a consumir heroína, para huir del agobio de la fama. Decía: "nada que siente tan bien puede ser malo". "Sólo quiero algo de paz".
En la primavera de 1968, se trasladaron a Nueva York para grabar su primer disco. No congeniaba en el grupo pero aquella combinación de música repetitiva, de estilo psicodélico de los 60, con la imponente voz de Joplin, era prodigiosa. El disco salió en agosto de 1968. Se vendieron más de un millón de copias en el primer mes. Las críticas fueron muy buenas para Joplin, aunque no tanto para el grupo.
Albert Grossmael le propuso un cambio de grupo. "Cosmic Blues Band" sonaba bien distinto. Su sonido era excesivo, con trompetas, coros, etc. No funcionó. Recibió muy malas críticas. La revista Rolling Stone la denominó la "Judy Garland del rock".
Comenzó a prodigarse en entrevistas, en las que terminaba hablando de su vida, de sus sentimientos. Decía que "hacía el amor con 25000 personas en el escenario y luego se volvía a casa sola..." Cada vez dependía más del alcohol y de la heroína. Sin embargo se había convertido en un símbolo de fuerza y de rebeldía para muchas mujeres de su época.
Quiso entonces volver a su pueblo, Port Arthur, como estrella del rock públicamente. Sus padres aprovecharon para marcharse. No fue bien recibida. Y este fracaso fue magnificado en los medios de comunicación. Fue un desafío que se volvió contra ella. Poco después, su madre le diría "ojalá no hubieras nacido".
En septiembre de 1970, se trasladó a Los Ángeles a grabar "Pearl" con su nuevo grupo. El 4 de octubre de 1970 había sido un buen día de grabación. Se fue de copas y se emborrachó. A la 1:40, según el forense, murió por sobredosis de heroína. Janis ya había pasado por experiencias similares y había salido con vida, pero esta vez no había nadie para ayudarla. Descubrieron su cuerpo unas 18 horas después.
Algunas circunstancias en torno a su muerte permanecen sin explicar. La droga que la mató era de una pureza extrema (tenía el 40% de pureza, mientras que lo común sólo es del 2%). Las jeringuillas que usó desaparecieron de su habitación horas después de su muerte y se especula que pudo haber alguien más allí. De esta forma, los medios de comunicación rodearon su muerte de misterio, al igual que con las de Jimi Hendrix o Jim Morrison.
A las seis semanas de su muerte, salió el disco "Pearl", que fue un éxito y se mantuvo en el número uno de ventas durante 14 semanas. Como homenaje, se dejó el tema "Mercedes Benz" a capella, sin música, ya que fue la última canción que Janis grabó; asimismo, se incluyó la canción "Buried Alive in the Blues" sólo con música, sin la voz de Janis que habría debido cantarla.
El cuerpo de Janis Joplin fue incinerado en Westwood, California, y se arrojaron sus cenizas al Océano Pacífico. Dejó en testamento 600 dólares a sus amigos para que celebraran su muerte con una fiesta salvaje.

Esperanza en el futuro


Vivimos en todo momento esperando algo mejor que lo que tenemos, y frecuentemente a la vez con nostalgia arrepentida de lo pasado.

En cambio, el presente lo tomamos solamente como algo provisional y no lo consideramos otra cosa que el camino hacia alguna meta. Por ello, cuando miran hacia atrás desde el final, los más encuentran que han vivido toda su vida interinamente, y se asombran de ver que lo que dejaron pasar sin darle importancia y sin disfrutarlo era precisamente su vida, precisamente aquello en cuya expectativa vivían. Y así, la trayectoria vital del hombre consiste, por regla general, en que, entontecido por la esperanza, va bailando hasta caer en los brazos de la muerte.
(Paralipomena - Arthur Schopenhauer)


DEFENSA DE SÓCRATES

Primer Discurso

Vosotros Oh Varones Atenienses, en qué habéis sido afectados por mis acusadores, no sé; pues yo mismo también ante ellos apenas me reconocía; así dijo sinceramente. Sin embargo, ciertamente en verdad, por decirlo así, no (es) como lo tienen dicho, pues de entre las muchas traiciones de una me admiré, de estas dos, en esta decían, como necesitáis estar prevenidos, para no ser engañados por mí, por ser yo según dicen. En efecto si no se avergonzaron, por la proximidad de ser convencidos por los hechos, después de ninguna manera mi hábil discurso, esto es de mi parecer lo más imprudente de ellos mismos, a menos que llamen hábil al que dice la verdad en su discurso, pues en efecto si esto dicen, será posible que convenga que yo ciertamente soy orador más no a su manera. Ciertamente no (es) de ninguna manera, como yo digo, casi nada lo que han dicho de verdad; vosotros escucharéis de mi toda la verdad. No (será) por Zeus, Oh Varones Atenienses, en elegante discurso como el de estos, ni adornado tanto con palabras ni expresiones sino que me oiréis hablando naturalmente con las palabras que yo primero encuentre. En efecto, confío ser justo en lo que digo y no esperéis otro (discurso); en efecto no convendría que sucediese, Oh varones, a mi edad, como un adolescente puliendo mis discursos para comparecer ante vosotros. Y sin embargo también sin duda, oh varones atenienses, esto os encarezco y os pido con insistencia; si escucháis que me estoy expresando con estas mismas palabras con las cuales tengo acostumbrado hablar también en la plaza ante las mesas (de los banqueros), donde muchos de vosotros me habéis escuchado, y en otras partes, no os maravilléis ni hagáis ruido a causa de esto. En efecto, tener en cuenta esto; ahora yo por primera vez comparezco ante un tribunal, a los setenta años de edad; naturalmente yo soy extraño al modo de hablar aquí. Como posiblemente en realidad si yo (fuese) extranjero por casualidad me reconoceríais si hablara aquel dialecto con sus modos, incluso ahora os pido justicia, como ciertamente me parece de mi modo de hablar —igualmente tanto como si es malo—. Examinad esto y sólo a ello atended, si hablo con justicia o no; pues es la virtud de un juez como la del orador decir la verdad.

Dos Clases de Acusadores

En primer lugar es justo que me defienda, Oh varones Atenienses, contra las primeras calumnias lanzadas contra mi y contra los primeros acusadores, luego contra las posteriores y los posteriores. En efecto, muchos han lanzado poniendo a vosotros contra mi y son muchos ya los tiempos pasados que no han dicho la verdad, a los que yo temo más que Anito y sus amigos, sin embargo siendo terribles también estos, pero más terribles son aquellos, Oh varones, los cuales os han acogido con persuasión desde que erais niños y también con sus calumnias mienten contra mí, como de algún varón sabio, algún Sócrates, un hombre que estudia los fenómenos celestes y de todas las profundidades de la tierra y haciendo superior la causa inferior.

Aquellos, Oh varones atenienses, los que han propagado esta noticia, ellos son mis terribles acusadores; en efecto quienes los oyen consideran que los que investigan tampoco creen en los dioses. Luego son muchos los acusadores y mucho tiempo hace ya que acusan, además también a vuestra edad os han hablado, siendo en la niñez más crédula, algunos de vosotros también adolescentes (eran) acusaciones sin comparecencia del acusado, sin defensa; pero lo más doloroso de todo, es que no se puedan conocer ni pronunciar sus nombres, excepto el de cierto autor de comedias; igual los envidiosos y deseosos de calumniar convenciéndoos a vosotros, ellos mismos también convencidos convencían a los otros, todos ellos son incompatibles; en efecto no es posible hacer comparecer ni poner en evidencia a ninguno de ellos, sino defenderse luchando contra una sombra y hacer refutaciones sin que nadie se dé por aludido. Tenido por cierto, pues, también vosotros, como yo digo, los acusadores que soporto sobre mi son dos grupos, los unos los recientes acusadores, y los otros los antiguos, de los que os hable, y considerad que debo defenderme de aquellos primero; pues también vosotros primero escuchasteis sus acusaciones y mucho después que la de los posteriores. Está bien, debo defenderme, Oh varones atenienses, y empezando arrancar de vosotros la calumnia, que desde hace mucho tiempo se ha apoderado de vosotros (tan rápidamente) en tan poco tiempo. Quisiera conseguir esto, tanto en interés vuestro como el mío, que no resultase baldía mi defensa, sin embargo esto es difícil, y ciertamente no se me ocultan. No obstante que esto sea como el dios lo quiera, que hay que obedecer a la ley y hacer la defensa.

Las Primeras Acusaciones

Pues remontémonos al principio de donde nació la acusación, que hizo nacer la calumnia que está sobre mí, en la cual también creyó Mileto el que ha presentado contra mí denuncia. Está bien: ¿Qué calumnias decían mis calumniadores? Como si se tratara de declaración jurada necesariamente sería la declaración de ellos: “Sócrates injusto y tomándose cuidado excesivo buscando bajo la tierra y el cielo y haciendo fuerte el discurso débil y enseñando a otros estas mismas cosas”. Algo así es esta (Acusación); esto es lo que vosotros mismos veías en la comedia del mismo Aristófanes, allí aparecía un tal Sócrates, diciendo que podía volar y otras muchas tonterías estúpidas, acerca de las que yo no entiendo ni poco ni mucho. Y no lo digo como desprecio de este mismo conocimiento, o de aquel que es sabio acerca de esto; no sea que Meleto me denuncie por esto; en efecto no es nada para mí, Oh varones atenienses, ni estoy en ello. Como testigo de esto os invoco a muchos de vosotros, y os pido os enseñéis unos a otros y os enteréis; cuántos alguna vez me habéis escuchado platicar, que sois muchos; recordaros unos a otros si alguna vez se me ha escuchado poco o mucho con alguno de vosotros acerca de estos diálogos, y en esto conoceréis tales cosas y también que mucho dicen sobre mí son las mismas cosas.

Segunda Acusación

En efecto, nada de esto es, ni ciertamente es si escucháis a alguien que yo me dedico a enseñar a los hombres y exijo dinero, esto no es cierto. Aunque también ciertamente me parece decoroso que es bueno si les puede instruir instruir como Gorgias de Leontinos y Prodicos de zaus e Ipias de Elide. En efecto, cada uno, Oh varones, van visitando a cada uno de los jóvenes de las ciudades, y estos pueden seguir gratuitamente las enseñanzas del maestro que prefieran entre los de la ciudad, los llevan a abandonar su trabajo y hacerse sus discípulos con pago de dinero y además estar agradecidos. Luego también otro varón sabio que es Paros como yo me enteré de su estancia pues casualmente (un día) fui a visitar a un hombre, el cual lleva pagado a los sofistas más dinero que a los otros, Calias hijo de Hiponico; esto, le pregunté —pues son dos los hijos que tiene— “Oh Calias”, yo dije si tus dos hijos hubiesen nacido potros o terneros, tendríamos que poner alguien a su cuidado y alquiler, para que hiciese bien y acrecentase sus propias buenas cualidades, ese sería un entendido en caballos y en ganado; ahora entonces luego como son hombres, ¿a quién vas a confiar el tener que tomarlos a ellos y quien es conocedor de esta virtud de hombres y ciudadanos confiables? En efecto creo que tú lo has averiguado que tus hijos son tu propiedad. Existe alguno, dije yo “o no”? —Ciertamente “quien yo dije” y “de donde por cuanto enseña” – “Eveno”, dijo Oh Sócrates de Paros por cinco minas”. Y yo (dije) qué feliz “Eveno”, si realmente tenía ese arte y enseñaba con acierto esto. Pues yo ciertamente también estaría orgulloso y feliz si confiasen en ella; (sabiduría) pero en efecto no confío, Oh varones Atenienses.

Pdta. Las palabras que se encuentran entre paréntesis son sobrentendidas.